Incapacidad para decir No: Manu, diseñador gráfico.

Hay experiencias que te hacen mejorar como persona. Hay experiencias que te hacen aborrecer a la humanidad y te dan ganas de empezar un Armagedón que arrase toda la vida sobre la Tierra. Pero es cierto que hasta de la experiencia más negativa puede salir algo bueno. Por ejemplo, un post.

Supongo que ya saben -y si no, pues les cuento ahora mismo- de que tengo una cierta afición por el Photoshop. Bueno llamémosle afición, llamémosle tocar de oído y no dejarme persuadir, pero bueno, algo estoy aprendiendo (a base de tutoriales en youtube, claro). El caso es que esto es algo ya sabido por mi círculo más cercano.

Por esta razón, hace un par de meses, un amigo (un amigo de un amigo, para ser más exacto y que dentro de poco será un “no te saludo así te vea caído en una alcantarilla hasta el cuello de agua sucia”) me llamó para comentarme que un amigo suyo necesitaba que le hicieran una cosa en photoshop, y que como sabía que yo le hacia medio huevo, pues se acordó de mi. Me dijo que incluso estaba dispuesto a pagarme por ello. Cincuenta dólares, nada menos. En este punto debí darme cuenta de que algo no estaba bien. Háganme  caso amiguitos, si les ofrecen dinero por hacer algo, es que no les va a gustar hacerlo. Esto es así.

El caso es que como la situación está regular tirando a fatal, me pareció buena idea decir que sí y sacar un extra para los chicles. ERROR. Uno no tiene ni puta idea de lo sacrificada que es la vida de un diseñador gráfico hasta que está atrapado en las garras de un cliente. Agárrense que aquí viene la historia.

En primer lugar, quiero señalar mi primer error: Cobrar. Si le hacés un favor a alguien, te lo tiene que agradecer, se tiene que conformar con lo que le hagas (aunque sea una mierda), y en el momento que te canses, le podés tirar el encargo en la cara y todavía decirle que vaya a joder a su madre. Sin embargo, en cuanto cobras, te convertís en su esclavo (o dicho en términos más reales, en su puta). Y aunque te pague una mierda por hacer algo (y obviamente pagará lo menos posible) ya se va a ver con el derecho de establecer condiciones absurdas y plazos arbitrarios, cambiar de idea todas las veces que le de la gana e irritarse e impacientarse porque no le leas el pensamiento. Es la magia del dinero, amiguitos.

Pues bien, como yo en aquel momento no sabía como era todo esto dije que sí, y que me mandaran lo querían para ver que se podía hacer. Esto era un lunes por la mañana. El proyecto debía ser entregado el viernes “sin falta”.

En cuanto recibí la propuesta, me di cuenta de que estaba vendiéndole mi alma al diablo. Lo que yo pensaba que era una prosaica chapuceria para el amigo del amigo de un amigo (me niego a poner menos gente en medio) se volvía rápidamente un trabajo semiprofesional muy mal pagado. Aquí tengo que aclarar que traté de zafarme de esto inmediatamente. Después de analizar largamente lo que se me pedía y para qué era, les dije que yo no era profesional, y que aquello excedía por mucho el costo de lo que se me ofrecía por hacerlo, así que gracias por tenerme en cuenta  y hasta en otra. Una vez más, debí sospechar. Inmediatamente se me dijo que me adelantaban inmediatamente los U$50 y que cuando terminara se me iba a dar otro tanto. Ya se me había duplicado el pago y todavía no había hecho nada. Mala señal.

Con más buena intención que esperanza, puse manos a la obra. Inmediatamente me percaté de que las especificaciones eran un poco ambiguas. Y aquí, me temo que aquí está la Primera Verdad Universal del Diseño Gráfico:

El cliente, no tiene la razón. Y no solo eso, el cliente no tiene ni puta idea. Es más, el cliente no sabe que quiere. Lo único que sabe que quiere es que sea barato y quede bien. Eso sí, tus sugerencias estéticas valen lo mismo que un rollo de papel higienico, que para eso el cliente y tiene la razón. O eso se cree él.

Aquí empieza un cruce de correos entre el amigo de mi amigo y yo (y en lo sucesivo “el intermediario” para abreviar), que a su vez se los pasaba a su amigo (o “cliente”). En algún momento creo que me acuerdo de haber pedido respuestas del cliente directamente y por escrito, para evitar malos entendidos. Con nada de éxito, tengo que decir. El cliente, una persona al parecer superocupada, no tenía tiempo para responder correos. Cuando mucho para llamar al intermediario y que éste me lo comunicara todo a mí. Me dieron ganas de decirle al intermediario que los mensajes se los de a mi madre y ella me lo pase a mi todo, para que la cosa sea chistosa de verdad, pero me contuve. Aquí llega la Segunda Verdad Universal Del Diseño Gráfico:

El tiempo es oro. Pero el del cliente. El tuyo es como una costra en el pie izquierdo de una lora, algo con menos valor no hay. Pero el del cliente, ese si que vale. Eso implica que si, por poner un ejemplo, vos haces una cosa y el cliente no la puede ver hasta que está muy avanzada y lo tenés que cambiar todo, pues te jodes y en paz. Total ¿quién sos vos? Él es el cliente y tiene derechos ¿no lo sabias?

Y aquí voy a hacer un paréntesis. Por razones de claridad expositiva (y por mantener la confidencialidad de la obra) vamos a suponer que a mí lo que me piden originalmente es pintar un techo. Digamos que yo tengo conocimientos de brocha a nivel usuario. El martes comienzo a pintar y voy mandando muestras del trabajo para que me den conformidad de que todo bien. Recibo el “Aprobado”, pero solo del intermediario. Hacia la mitad del jueves (recordemos que mi término impostergable era el viernes) recibo correo del intermediario que me dice “Ah y mirá, ponete unos angelotes. Pero no muchos, con doce o trece esta bien”.

Aquí me preocupo, pero poco. Primero porque soy una persona bastante tranquila, y segundo porque el  (poco) dinero que me ofrecen no me hace falta para comer. Así que, llamo al intermediario y le digo (por segunda vez) que esto no es en lo que habíamos quedado y que muchas gracias, pero que yo aquí lo dejo. Se arma unos cruces de correos (y llamadas) entre ellos, que concluyen en aumentarme el plazo de una semana (pero ¿esto no era indispensable que lo presentara el viernes “sin falta”? me pregunto desconcertado) y en duplicarme el precio del trabajo (hago un cálculo rápido: si todo sigue así, en dos meses puedo pagar la prima y comprarme un carro; uno nuevo, seguramente). Acepto cada vez más receloso. Eso sí, voy mandando muestras de mi trabajo para que me vayan dando el visto bueno del proyecto. Al mismo tiempo, mientras hago esto sigo trabajando (en lo de siempre, es decir, en lo que me pagan de verdad por hacer) y con un curso “online”, estoy durmiendo poco o nada y la gente me empieza a preguntar si no me iba mejor con la piedra, que las drogas fuertes  parece que no me sientan bien, y que tome un peso para que me compre algo, que parece que estoy pasando hambre.

El lunes me manda un correo el intermediario indicandome unas dudas sobre los angelotes (o más bien ignorando las preguntas que le hice y contestando cosas que ya por mi correo anterior se veía que tenía claras, pero en fin) y comentando algo de “por cierto, el fondo mejor en azul cielo, gracias, con nubes”.

Me enojo (pero poco, porque a estas alturas ya me han ofrecido una cantidad de dinero que hace que me contenga) y comento algo de que, lo malo del fondo es que está detrás, y que hubiera sido un muy bonito detalle que se me hubiera informado de tal eventualidad antes de pintar la mitad de los angelotes. De todas maneras pregunto inocentemente “entonces ¿los angelotes bien? Por favor, contestame antes de que pinte el resto, no me vaya a pasar como con lo del fondo y eche a perder todo el trabajo” (Nota al margen: a Dios gracias el Photoshop  trabaja por capas, lo que te permite que si sos cuidadoso y separas, podas cambiar lo que necesites, solo perdés el tiempo utilizado en esa capa).

Se me responde como a la altura del miércoles que sí, que los angelotes están bárbaros. Eso sí, que si pueden ser todos negros y ponerlos con trajes de Armani. Por lo demás genial. Ah, y que el fondo mejor en azul no, que queda medio balurde. Mejor rojo y con explosiones. Y que si pudiera poner en primer plano una versión de la última cena pero con retratos de músicos famosos, estaría “chingón” (pero que no me quite la vida tampoco: Elvis, Dylan, Paul McCartney… lo normal). Se me pregunta que si va a estar todo a tiempo, que el plazo se vence el viernes.

Le digo que sí, que todo a tiempo. Ahora, que si se refiere a este viernes voy a necesitar un DeLorean y un poquito de plutonio, que si no tienen un contacto en Irán. Me aguanto las ganas de decirle lo que puede hacer con el dinero y renegocio las condiciones. En los siguientes términos: “Mirá broder, ya me has puteado bastante. Si lo querés para el viernes va a ser con el resto de los angelotes como están. El fondo te lo cambio porque soy muy buena gente, pero si querés alguna modificación más, alista los billetes; muchos. Con todo, el trabajo va a estar el viernes pero más bien como para la noche, porque estuve pensando que al menos me gustaría dormir un día de esta semana. Llamame señorito o maricon, si querés”. Se me contesta que todo “Ok” a las nuevas condiciones, que no problemo. Me lo creo (inocentemente…)

Termino el proyecto. Al final monto un simulacro de incendio en la oficina para que se vaya todo el mundo y poder tenerlo listo en la mañana (yo es que soy bien profesional). Envío y pregunto si todo ok. Espero respuesta.

Pasa el fin de semana. Pasa el lunes, pasa el martes. Pasan dos semanas. Temperatura 29 grados, humedad: 70%, velocidad del viento: 7 Km/h. Sigo sin noticias.

Finalmente recibo un correo. Esta vez directamente del cliente. “Oye vos, me hace falta el archivo editable con todas las capas de lo que hiciste para poder modificar todo a mi antojo. A la mayor brevedad, por favor”.

Me voy al botiquín y le doy un trago largo al agua oxigenada (yo sé que no es como el alcohol de las heridas, pero es que ya no quedaba). Respiro. Me relajo. Me repito como un mantra “nolomandesalamierda tedebelamitaddelbillete”. Doscientas cincuenta veces. Escribo un correo mandándolo a la mierda. Lo borro. Escribo otro preguntándole que si se cree que soy imbecil, que yo quiero un Windows de código abierto y me jodo (aunque es mentira, eso me vale). Lo borro también. Escribo otro en el que le digo que eso se pide antes y que cuesta más, pero que me diga lo que quiere y voy a ver lo que puedo hacer. Sin costo adicional. Eso sí, que por favor y si no es molestia, que cómo iría lo del resto del pago. Por curiosidad, más que todo.

Silencio en las comunicaciones. Dos semanas más…

Recibo nuevo correo del cliente: “Oye broder, te pedí un archivo editable y no haz contestado. Mandamelo rápido, que me urge”. No hay mención alguna sobre el pago. Me pareció leer GRASIAS DE HANTEVRASO, pero me parece fue una mala pasada de mis ojos, que del esfuerzo de las tres semanas sin dormir, todavía se me nubla un poco.

Le mando correo al intermediario (amigo de amigo, no lo olvidemos) diciéndole que si su amigo es pendejo o si cree que yo lo soy. Me responde educadamente que es la última vez que hace de intermediario y que haga lo que me pide su amigo, que no cree que tenga problemas con lo del pago. Mucho más tranquilo porque “no crea”. Yo tampoco creo, que puedo ser ateo cuando me conviene. Yo soy más de contar billetes.

Finalmente mando correo al cliente. Le digo que ya está bien, y que como quedamos para arreglar lo del pago, que ya va para más de un mes que entregué. Que lo que le hace falta, sigo diciendo que bueno, pero que me gustaría ver antes los billetes. Diaganme desconfiado.

No recibo respuesta. Renvío correo. El mismo, porque temo que si añado cosas me empiece a poner muy loco, y paso.

Ayer recibo respuesta. Cualquiera diría que después de tres semanas de putearme y un mes de no pagarme, nada me sorprendería. Tal parece que mi capacidad de sorpresa es infinita.

El cliente responde que “en qué mundo vivo”, y que después de entregar “tarde y mal” que “no me ponga nervioso”, que él me va a pagar. Que no crea tampoco que lo que hice es la “Capilla Sixtina”. Que eso quedó fatal, con angelotes negros vestidos de Armani y un fondo rojo con explosiones, que a quién se le ocurre…

Y esto me lleva a las Tercera y Cuarta Verdades Universales Del Diseño Gráfico:

El cliente va a pagar. Pero cuando pueda, si puede, o cuando le venga bien, si le viene, o cuando le ronque, si es que le ronca. Vos déjalo, que para eso es el cliente y tiene muchos problemas ¿vos crees que la gasolina del Mercedes la paga el gobierno? Afortunado vos, que sos un artista bohemio y sos feliz tocando el violin en una esquina. No, si los artistas sí que saben vivir bien…

  Ahora, gratitud no esperes mucha, porque todo lo que esté bien fue por mérito suyo (del cliente) mientras que todo lo que esté mal será por fallos tuyos, que sos un inútil y no sos capaz de leer el pensamiento (para adivinar el matiz exacto del color que tiene el cuarto de sus hijos) o de hacer una sencilla impresión de un póster de cuatro metros con una imagen de referencia de 300×300 píxeles. No mirá, ya en serio, es que si te lo voy a tener que explicar todo, para eso ya lo hago yo y punto ¿me entendes?

Pienso bien que no, que no creo que lo que hice es la Capilla Sixtina. Cuando el papa le preguntaba a Miguel Ángel que cuándo iba a estar terminada la Capilla Sixtina, él contestaba que cuando estuviera terminada, y que dejara de joder o lo retrataba como demonio. Y para su propia suerte, Miguel Ángel no tenía correo electrónico…

Contesto parcamente que gracias, y que el pago mejor en billetes pequeños y sin marcar, que lo voy a gastar para contratar a unos tales Zetas. Pero para otro proyecto, uno más personal.

Acto seguido me voy para la casa, desinstalo el Photoshop, quemo todos mis manuales y me regreso al Paint, que es algo más limitado pero da muchos menos dolores de cabeza.

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21 pensamientos en “Incapacidad para decir No: Manu, diseñador gráfico.

  1. El “cliente” ya es una silueta representativa (así como los de anonymous) de lo que es un perfecto hijo de puta en estos dias… esta entrada está hecha desde la silla de un diseñador.

    Voy ocupar las verdades universales para hacer un poster, colgarlo detrás de la puerta para cuando me despierte lo lea como mis mandamientos, respire profundo, me saque la pistola de la boca, quite el gatillo de dedo y solo entonces dar inicio a mi día laboral…

    Tremenda entrada!

    • Muchas Gracias Alex,

      Esto es lo mejor que haz dicho: “esta entrada está hecha desde la silla de un diseñador.” con lo difícl que es ponerse en el lugar del otro en estos tiempos…

      Saludos

    • Eyekone,
      Siento mucho que te hayas tenido que ver envuelto en el turbio submundo del diseño gráfico… yo ya tuve suficiente con esto. Mucha suerte 😀

  2. jajjajjajjajja. me estoy cagando de la risa y al mismo tiempo te doy la razon, mi querido Manu… pero a vos te toco lo peor de lo peor… por k el tipo ni siquiera se hizo vivo para explicarte bien lo que queria, segun yo, no lo sabia ni el…hhahahha
    y Alex la partis con tu comentario del poster..jajaj de colega a colega!!!!!!

  3. Los clientes son como una patada en los ovarios. Me sentí demasiado identificada con tu historia, Manu. *lágrima resbalando en la mejilla derecha*

    SIEMPRE piden rebaja porque antes que vos, habían hablado con fulano (un maje muy famoso), que iba a hacer mucho más trabajo; mucho más barato. Y eso que en el precio no se incluye lo que se gasta de pasaje para todas las vueltas, los almuerzos en caramanchelitos, impresiones de “adelantos”, el tiempo perdido en reuniones inútiles con el amigo del cliente, y pastillas para los nervios, migraña y gastritis.

    El colmo de cuando por fin pagan el resto del trabajo, es que lo hacen con la tasa de cambio del año antepasado, ¡si querés!

    Por eso, y para mantener mi salud mental intacta, ahora cargo con un “contratito” más largo que un rollo de papel higiénico (me gustó tu comparación), para que todo quede más claro y siguiendo la filosofía de los buseros: “Amigos seremos pero tu pasaje te cobraremos.”

    🙂

  4. Loco muy buena entrada! Te felicito por tener paciencia, que creo que es lo que deben de tener los diseñadores… Me identifiqué bastante con vos porque yo también aprendí PS con tutoriales (en Youtube y unos descargados en PDF) y pues he hecho mis trabajitos al suave, pero el último que hice si que me pasó casi lo que a vos, nada más que era un trabajo para entregar el mismo día que me lo trajeron y al final lo hice (me quedó bonito) pero me salieron con 100 pesos 😦
    Voy a tomar esas verdades para que así no nos den vuelta y que se nos pague lo que es realmente, en tiempo y forma.

    PD. Como has visto no he publicado mi post por falta de tiempo y por boludo creo jajaja…

  5. Esta entrada me dejó un sabor amargo… me dio mucha tristeza Manu 😦
    Y prometo no andar jodiendo mucho cuando requiera un diseño, que los requiero a menudo, puchitos diseñadores 😦

    • Gracias Doris,

      la intención no era amedrentar a nadie ni generar sentimientos de culpabilidad… pero es bueno saber que para la próxima vas a ser un poco más empática con los majes 😀

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