La vida sencilla III

  • Vivo en una casa baja y desconchada cerca del muelle, muy cerca del mercado. Por dentro es pequeña, sólo tiene un cuarto, pero una sala grande y llena de ventanas que dan a la calle. Es una calle pequeña, llena de niños y alboroto hasta que el sol se esconde. De noche pasean de la mano multitud de parejas, porque hay unas vistas hermosas a un acantilado, donde la Luna descansa sólo cuando está rechoncha y cansada de la comilona.
  • Junto a la casa tengo un restaurante-terraza pequeño donde todo es verde y blanco y sólo hay siete mesas.
  • Yo soy el mesero,  porque la comida costeña todavía no me sale tan bien y la leche de coco siempre se me corta.  Mercedes, una negra hermosísima es la que se encarga de preparar esas comidas ricas mientras canturrea en voz baja.  Ella se enoja conmigo porque siempre le estoy pidiendo que haga para mi una sopa “Don Plin
  •  La mayoría de las veces Patrick nos trae los ingredientes para preparar las comidas. Él a veces me deja acompañarlo a atrapar cangrejos con ganchos. Pescar con caña en su panga. Lanzar cántaros junto a los farallones y atrapar pulpos. Y que luego Mercedes los cocine, para servirlos en la terraza.
  • Camino todas las mañana hacia el acantilado con la Lola, mi perra -grande y gordota, alegre y juguetona-, a la que al regreso hay que darle ánimos porque ya no puede con su alma después de bañarse en el mar.
  • El sol me tuesta la piel y hace que tenga arrugas alrededor de los ojos, pero son bonitas, me gustan. El pelo siempre me huele a sal y la ropa que uso para nadar pierde siempre su color a los pocos meses de comprarlas.
  • Me gusta ver cómo se mueven las pangas sobre la bahía, cómo van y vienen llenas de gente y turistas. A veces yo mismo me acuesto en el interior de alguna para dejarme mecer por el agua.
  • Me encanta tirarme en la arena y cerrar los ojos. Me llega el sonido de los pájaros sobrevolando a lo lejos. Me relaja el sol sobre los párpados, y sentir cómo la Lola se acuesta a mi lado, apoyando la cabeza sobre mis tobillos. Lo hace para notar cuando me levanto y no perder ningún detalle.
  • Cuando se hace de noche y Mercedes se fue, siempre estoy pensando en preparar algo para cenar e invitar a mi amiga Ruth o llamarla para que ella me invite a mí a su casa. Ruth cocina bien y tiene paciencia con mi lamentable inglés, además me hace reír.
  • Voy a clases de Miskito cada lunes y cada miércoles que no bajo al mar, esos días no trabajo. No tengo mucho dinero, lo justo para vivir, pero igual no quiero más.
  • Me emborracho con Ginger Beer en un bar cerca del muelle, aquí la gente habla muy alto y bebe mucho, y los pocos amigos siempre terminan dormidos y ebrios encima de las mesas.
  • A veces conozco a turistas divertidas, a veces comparto con ellas palabras, a veces besos, a veces noches… pero espero que la que vaya a compartir la vida, tarde mucho en llegar, hay mucha comida que preparar, muchos relatos que escribir, muchas pangas que prestar, mucho Johnny Cake y Pan Bon , mucha Ginger Beer que beber.

 

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