Si es que mi vida da para un “Reality” o algo.

A todos nos ha pasado que hemos sufrido alguna vez el Síndrome “Cámara oculta”, que consiste en tener la sensación de que a uno lo están grabando y de que el entorno se conjura para hacerte una broma pesada.

Me acuerdo de  algunas situaciones que parecían sacadas de un programa de esos y que, a la fecha, espero ver en televisión, aunque no hubieran terminado con una palmadita en la espalda y un “Todo fue en plan jodedera”.

Les cuento una de esas experiencias:

Nunca fui muy amigo de ir a círculos de estudio para exámenes en el colegio, pero en la asignatura más horrible de la secundaria, Trigonometría , tenía un horrible 70 y la idea de no tener que estudiarme otra vez las desigualdades logarítmicas y trigonométricas o las putas ecuaciones, era demasiado tentador. Así que me decidí a ir a uno de los famosos círculos.

Lo malo es que era de 4 a 6 pm y en la casa del profesor, lo que a la par de raro, se me hacía sospechoso. Y bueno, me llegué como que más temprano y con un mareíto de lo más curioso. Agarré aire, me di par de bofetadas para espabilarme y toqué el portón, ignorando que estaba a punto de vivir una de las experiencias más bizarras y surrealistas de mi vida. Sabía que el profesor, que lucía una barba de científico loco, tenía fama de excéntrico pero lo que me pasó fue descomunal. La conversación fue más o menos así:

– Buenas tardes, venía a lo del círculo de estudio.

 ¿Sí?… Pues qué aburrimiento, ¿no?

– ¿Perdón?

– ¿Te gusta la ópera?

(Decir que estaba desconcertado era poco. ¿La ópera?)

Pues no, la verdad no.

– Ya… (Se quedó pensativo casi un minuto). ¿Qué sabés de Rigoletto?

(De ópera tengo conocimientos básicos, rayando en lo marginal, pero algo había que decir).

– Pues no sé mucho, la verdad… A ver, Rigoletto es de Verdi, y está basada en una obra de Víctor Hugo, aunque no estoy muy seguro, y en el tercer acto se interpreta creo “La Donna è mobile”.  Ah, y que Rigoletto es un jorobado, pero de la trama ni idea. Y eso pues.

(La revelación de mi analfabetismo operístico le debió parecer gracioso porque se le cambió la cara).

Pues sí, está basada en la obra de Víctor Hugo “Le roi s’amuse”, que quiere decir “El rey se divierte” (creo que algo así era, espérense que lo busco en Wikipedia). La acción se desarrolla en Mantua, en el siglo XVI. Es una historia increíble de pasión, engaño, amor filial y venganza. (Y me contó la trama en 10 minutos)

– Qué interesante – dije tratando de disimular el sueño que me estaba dando.

– Mi parte preferida es cuando Rigoletto entona el “Cortigiani, vil razza”, hasta se me erizan los pelos.

Y han de creer que el hombre se ha puesto a cantar. A cantar ópera a grito partido. A cantar ópera como si su vida dependiera de ello. Los primeros 2 minutos le escuché con una sonrisa, a los 10 ya estaba mirando la hora de reojo sin creer que eso realmente me estaba pasando y tras 35 minutos de bel canto, que iba intercalando con observaciones machistas sobre el carácter voluble de la mujer, ya estaba a punto de levantarme, irme y dar por perdida la materia. Vivir una cosa así sobrio desconcierta bastante, pero con el mareíto que yo llevaba, la sensación era indescriptible.

Lo mejor de todo es que el profesor este, interpretaba a todos los personajes, usando lo primero que encontraba en la casa como utilería: un paraguas para imitar la espada del Duque de Mantua, un chaleco para hacer el pelo de Gilda (la hija de Rigoletto) a modo de peluca (ahí me mordí la lengua para reprimir una carcajada), etc. Lo mismo hacía de mezzosoprano que de bajo o tenor. Para llevarlo a “Latin American Idol” al cabrón.

Se subía encima de una mesa para enfatizar los momentos cumbre de la obra. Se apasionó tanto con “Maledizione”, que con las gesticulaciones casi se cae de la mesa dos veces.

Al final terminé siguiéndole la corriente a la representación. Hubo aplausos durante 10 minutos y salió a saludar 3 veces. No, ya en serio, la cosa terminó bien. Remató el tercer acto maravillosamente, aunque en el apuñalamiento de Gilda lo noté medio flojito, no había suficiente tensión dramática y la voz le falló un par de veces, soltando unos gallos ridículos.

Después de casi 40 minutos en la que no abrí la boca más que para tratar de disimular algún bostezo (Y para medio ver si no llegaba ninguno de mis compañeros), me dio la mano y me soltó un “Muy bien, da gusto hablar con alguien que sepa escuchar”.

Al final se hizo el círculo de estudio bendito, pero yo no salía de mi asombro por lo que me acababa de pasar. Aprobé Trigonometría como con 90. Pero hombre, me lo merecía. Qué mierda, me merecía un 100 en todas las materias después de aquello. 

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4 pensamientos en “Si es que mi vida da para un “Reality” o algo.

  1. Hay que cultooo el, Rigoletto???? NPI… parece el nombre de un sabroso helado….los sacrificios por pasar las clases en secundaria..

    saludos.

  2. Pingback: El día que casi le vendo mi alma al… mero mero. | La alkantarilla

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