La comida no engorda… el que engorda es uno.

Desde tiempos remotos, el hombre (entiéndase el ser humano de sexo masculino) se ha hecho una pregunta. Y es: ¿Tendré sexo con más frecuencia si bajo la panza? Y la respuesta es: sí amigo, no solo vas a tener  más sexo, sino que va a ser  más satisfactorio. Una mujer cuando se encuentra con unos abdominales como los de los broderes estos de la película 300 ya viene preparada de la casa y casi que ni te tenés que parar en preliminares. Yo sé que las mujeres dicen que solo se fijan en los ojos y en las manos y que les gustan los hombres detallistas y con sentido del humor, pero mienten más que la publicidad de CLARO, si querés poner calenturienta de verdad a una chavala, enséñale un culo capaz de de partir una nuez, de ser posible depilado y cubierto de aceite (si los cubrís de chocolate ya es que ni hace falta llegar a practicar el coito para que lleguen al orgasmo, es suficiente con que lo piensen). Otra opción es un Mercedes Benz, pero sale un poquito más caro1.

Bueno. Esto que parece muy sencillo, supone un problema (lo de los abdominales, digo, no el Mercedes Benz; eso, con tener reales, suficiente). Y es que claro, nos gustan las chiverias y la cerveza. Y sé que todavía hay gente que dice que la cerveza no engorda. Lo que pasa es que toda esa gente tiene panza cervecera, lo que lo hace un poco sospechoso. De hecho todo el tema de la dietética esté envuelto en misterios. Tal parece que es muy sencillo hacer dieta, pero si esto fuera cierto, no se escribirían libros para hacer dieta todas las semanas. Que si la dieta Atkins, que si la dieta de Dukan, que si la dieta de lucho, que si la de los jugos…. Que si el aceite de oliva no engorda, que si no se puede mezclar el arroz con las pastas, que si la fruta… (Me temo que si juntas a tres nutricionistas en una habitación terminan matándose entre ellos). Para que vean como soy de linda gente, voy a compartirles el secreto para adelgazar. Y en una entrada, que no les cuesta ni un centavo.

Pero antes de empezar, una breve introducción. Yo, a pesar de que actualmente disfruto de un cuerpo apolíneo (que quiere decir con forma de Apolo, que creo que era un cucurucho de sorbete que había antes) una vez en el pasado tuve una forma que podríamos denominar como más de piporro. Por tal motivo empecé a decir a mi madre cuando me decía lo que había de cena “eso no, que engorda“. A lo que ella respondía con una sabiduría magistral de madre “hijo, todo engorda“. A lo que si yo hubiera sido el hombre sabio que soy ahora, le hubiera respondido “No, todo no; la sacarina (por ejemplo) no aporta ningún tipo de nutriente, por lo que no engorda; y la fibra ni siquiera se digiere. Lamer piedras no engorda nada ¡No todo engorda! En todo caso, incluso reconociendo que casi cualquier tipo de alimento presume un aporte de calorías, estarás de acuerdo conmigo en que la ración de tocino y huevos fritos que cocinas seguramente engordará más que unas verduritas al vapor ¿no?”. El tipo de cocina que cultivaba mi madre era bajo la técnica del baño de aceite, que tiene la ventaja que consigue que cualquier alimento engorde (incluso la verdura más repugnante). Por otro lado, con esta técnica cualquier cosa es comestible (se hicieron experimentos con zapatos).

A lo largo de todos estos años he aprendido mucho de dietética y he llegado a una conclusión: lo que verdaderamente engorda no son las grasas, ni los carbohidratos, ni el maduro frito en manteca de chancho (fácil pensar que sí, pero si fuera eso, con eliminarlos de la dieta bastaría). Lo que realmente engorda es el sabor. Pero el sabor agradable. Lo que podríamos llamar lo “sabrosísimo o deliciosidad (una propiedad de cualquier tipo de cocina exceptuando quizás, la comida china) La norma básica de cualquier dieta decente, es que sepa a cartón. Si puede estar asqueroso, es mucho mejor.

Esto es así, básicamente por dos motivos. El primero es al que vamos a denominar “la naturaleza será muy sana pero bien cabrona”, que se fundamenta en que las cosas que están ricas engordan más que las que están feas. Esto es una constante universal, como la velocidad de la luz y que tu madre te llame siempre en el momento más inoportuno. Por otro lado, si alguien va a decirme que prefiere una ensalada en un restaurante a una fritanga, no voy discutírselo. Eso sí, que haga el favor de irse y cerrar la puerta por fuera, gracias, que aquí gente rara no quiero.

El otro motivo es que evidentemente, cuando algo está rico, comes más. Tengo la teoría de que me podría hacer millonario publicando un libro de dietas tipo “Adelgace todo lo que quiera comiendo lo que le de la gana” solo con poner en letra pequeñita “echando una libra de sal a cada comida”. Lo que pasa es que me da pereza tener que escribir el libro que va adentro.

Hay gente que afirma que hay otra manera de bajar de peso, que es haciendo ejercicio. La teoría de eso es quemar más calorías de las que se consumen. Existen por ahí tablas de calorías para que sepas lo que se consume con cada actividad diaria (incluso mensuales, porque también pone lo que consume el sexo. Que si me van a preguntar si cogiendo se queman calorías, te digo: “Nacho Vidal, sí, un montón; ahora vos, con tus cinco minutos de misionero no quemas ni la repostería con yogurt del desayuno, machazo“. El problema actual de la vida es que es tirando a sedentaria. Antes no, porque la gente hacía cosas como cortar árboles y cazar osos, pero como ya no quedan (al menos en mi oficina no, no sé en las de ustedes), ahora mismo el trabajo más físico en una oficina es entrar en Facebook. Que ya les voy aclarando, cambiar tu estado doscientas veces, no consume calorías. Ni aunque regués los tomates de tu granja cada vez.

Y la naturaleza, que como ya dije antes, será muy sabia, pero es un poquito hijueputa, hace una cosa que seduce mucho, que es que aunque no quemes una sola caloría ni en respirar, el cuerpo te pida religiosamente todas esas comidas, e incluso si te aburrís, alguna más (entiendase síndrome del domingo por la tarde). Es por esto que para compensar el natural sedentarismo del ser humano actual, sería necesario hacer aproximadamente hora y media de ejercicio intenso al día, que ya digo yo que “que pereza”. Y ni tengo claro que sea suficiente, la verdad.

Así que, amigos, háganme caso. Si de verdad quieren adelgazar, eliminen cualquier cosa sabrosa o apetecible de sus vidas. La sal (que no engorda, pero retiene líquidos), el azúcar (que sí que engorda), el café (que también retiene líquidos), la cerveza (que como todos los alcoholes, engorda)… y así, cualquier cosa que se les pueda antojar. Si tienen una duda antes de comer algo (“¿será que esto engorda?”) la respuesta es sencilla: si te da ganas ( entiéndase antojo), engorda. Si los nutricionistas no han prohibido todavía las tetas porque no se les ha ocurrido un motivo, pero solo por eso.

A lo mejor parece una dieta dura, pero piensen que esto hay que hacerlo sólo durante toda la vida. ¿Qué? Ya como que no dan tantas ganas lo de que se marquen los abdominales ¿verdad? Ya decía yo. Ahora si entienden por qué las modelos tienen todas esa cara de estreñidas…

1Todo esto se refiere, por supuesto a una mujer estándar. Las lectoras de este blog son mucho más sensibles a la inteligencia y al ingenio. Que si no, de qué iba a recibir yo tantas proposiciones indecentes…

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17 pensamientos en “La comida no engorda… el que engorda es uno.

    • Hey Alejandra, que gustazo vos por aquí 🙂

      Pues enfecto, lo de la camiseta de tu amiga viene siendo muy cierto. Otra forma de decirlo es que todo lo que nos gusta es pecado o hace mal… o es muy caro o ilegal 😉

  1. Me encantó, casi muero de la risa. Dos puntos + letra D

    Tenés mucha razón, esto de la pérdida de peso se ha convertido en una completa obsesión. Los métodos son más exitosos (en cuanto a ventas), cuando su uso requiere de menos esfuerzo, como esos tales zapatos con horrible diseño, esas ridículas fajas reductoras, las plataformas vibratorias o las cremas frías/calientes que milagrosamente desaparecen la grasa.

    Me quedé recordando todos los momentos inoportunos en los que he recibido llamadas de mi madre…

  2. y no has explorado la teoria de que la panza es un cayo sexual? 😉
    interesante el punto de vista masculino sobre los chances de tener una mejor vida sexual si tenes un cuerpo mas “esbelto”, tambien ustedes tienen sus inseguriades.

    que nosotras buscamos un trasero capaz de partir una nuez……y ustedes acaso no buscar un par de tetas que jalen mas que un par de carretas? jajajajaja

    • Ah mirá vos… ¿Así que al final vos si sos de las que se fija mucho en los envoltorios? Con que esas tenemos… la panza puede ser dos cosas: Un cayo sexual o bien, un simbolo de enorme cultura…

      No dije trasero, dije culo, a las cosas por su nombre que yo es que me indigno… Y no, creeme que cuando le gustas a un hombre no importa si son enorme o apenas par de dieresis, LE VAS A GUSTAR ASÏ Y PUNTO 😛

      Ustedes son las que se fijan más en esas cosas al final.

      • me fijo en los envoltorios tanto como todo el mundo, no tiene nada de malo admirar rostros perfectamente simetricos, pero al final del dia vale más alguien que te haga reir y pueda aguantarlo a uno sin pegarse un tiro 😀

        Como lectora de este blog, cito textualmente “Todo esto se refiere, por supuesto a una mujer estándar. Las lectoras de este blog son mucho más sensibles a la inteligencia y al ingenio.”

  3. Si claro, todo lo rico engorda, todo lo bueno es pecado, esta pinche iglesia y los putos nutricionistas han venido a joder todo!!! por eso yo siempre digo GOZA HOY QUE DE TODOS MODOS NOS VAMOS A MORIR!

  4. Pingback: Instrucciones de lavandería para caballeros « La alkantarilla

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