En un bar Gay… yo trabajé una vez

Como ya les conté hace rato, yo tengo un pasado. Lo que pasa es que generalmente no lo cuento. Menos cuando no se me ocurre de que escribir, claro. 

Lo jodido de tener una cierta edad y tener un culo inquieto es que uno se pone a trabajar casi que de todo (llámenle culo inquieto, llámenle tener una carrera de mierda). He hecho cosas bien originales, pero lo que se lleva el triunfo en cuanto a la reacción que provoca en la gente cuando lo cuento es haber sido mesero en un bar gay. Como si para trabajar en un bar gay hiciera falta ser gay. Si esto fuera una regla de oro, no podría haber meseros gays en los bares heterosexuales, ¿no? Pues si los hay.

Lo que primero que la gente me pregunta es cómo terminé trabajando allí. Esa parte es fácil estaba chavalo, necesitaba el dinero: mis amigos y yo íbamos a beber allí. Al final terminamos teniendo tanta confianza con el dueño que cuando necesitaron meseros nos ofrecieron el trabajo (sospecho que básicamente porque sabían que se iban a reír de nosotros). Uno de mis amigos y yo (imagino que los que más necesitábamos el dinero por aquella época) aceptamos

Tengo que precisar que en realidad no era un bar gay. Era un bar administrado por gays. Puede parecer una diferencia trivial, pero a nosotros nos parecía valida. Más que nada porque íbamos allí a esperar a un amigo de un amigo que trabajaba en otro local de los mismos dueños (ese ya sí, un local gay. Por eso no le esperábamos en aquel). Bueno, y porque la cerveza era barata. Estábamos en esa edad en la que hacíamos bromas sobre nuestra orientación sexual, pero no permitir que se dudara de ella. Creo que los hombres no abandonamos esa etapa nunca… del todo.

Trabajar en un bar gay  no es más difícil que trabajar en cualquier otra cosa, cuando te acostumbras. Una vez que ya te preguntaron si “estás en el menú” (a mí me lo preguntó mi primer cliente) ya estás listo para todo y podés volarle… podés hacerle huevo. De todos modos tengo que reconocer que los otros meseros nos protegían paternalmente. Supongo que se sentían responsables.

Al poco de haber entrado se hizo frecuente que cuando terminábamos saliéramos a tomar unas cervezas con el resto del personal. Como los heterosexuales éramos minoría parecía normal que saliéramos a los “locales de ambiente”. Lo cierto es que no nos molestaba, y terminamos conociendo a gente bien interesante (Me acuerdo de unas lesbianas muy simpáticas de las que me hice amigo), aunque siempre íbamos con esa actitud de “no disponible” tan típica de los heteros en esos locales. Tengo que reconocer que no he tenido nunca la confianza en mí mismo tan alta como en aquella época que rechazaba ofertas continuamente. Bueno, al menos de vez en cuando.

Una vez, en uno de los locales había un espectáculo en el que una chavala imitaba a Marilyn Monroe. Obviamente ni era Marilyn ni era chavala, pero la verdad es que lo hacía bien. Al final del espectáculo incluso me la presentaron (la gente con la que yo iba era bien reconocida en el ambiente) y me di cuenta que la caracterización funcionaba bastante bien, incluso de cerca. En un momento Marilyn desapareció y volvió convertido en un chavalo parco aunque bastante agradable que me trataba como si me conociera. Tengo que admitir que no me di cuenta de quién era hasta que todo el mundo empezó a reírse…

Otro día quedé de verme en el mismo local con una clienta habitual del bar. La verdad es que la chavala no me convenía nada y me negué a escuchar a los que me recomendaron que no lo hiciera, pero que puedo hacer, me gustan las “chicas malas*. Esta en concreto me tuvo esperando  en la barra de un bar totalmente gay y sin ningún tipo de respaldo durante lo que a mí me pareció que fueron… unas tres semanas. Ahí descubrí que no estaba tan ducho como pensaba y que en solitario el ambiente me intimidaba bastante. Cuando acabó el espectáculo vi aparecer al transformista del que hablé antes. Tengo que decir que me alegré un montón de ver alguien conocido (porque estar ahí solo me ponía un poco nervioso) y así se lo exterioricé.

-Huy, mi amor, yo soy la peor de todas -me respondió poniéndome una mano en la rodilla y haciendo cucharita, mientras yo echaba de ver como se me helaba la sangre.

*Con esta chica mala en particular no volví a quedar de verla nunca más. Una vez creo que fue más que suficiente para mí…

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3 pensamientos en “En un bar Gay… yo trabajé una vez

    • Hola María Mirta,

      Pues talentoso y mucho el transformista. Muy “tranquilo” al final. Si es que yo sólo en esa barra me imagino tenía una pinta de haber robado algo y estar esperando que me detuvieran…

      Saludos y muchas gracias por dejar rastro.

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