Mi otra lista (la de las ocasiones perdidas)

Que yo no soy un Don Juan, lo sabe todo el que me conoce, es más, cada vez que estoy frente a una mujer (me sienta atraído por ella o no) me termino poniendo irremediablemente nervioso  y bastante estúpido, una combinación entre el Teletubbie lila y Patricio de Bob Esponja. No quiero profundizar mucho tampoco, porque donde pongo el ojo meto la pata como soy un ser tímido y sensible, raramente me acerco a las mujeres con esa intención de tirarles el cuento, en ocasiones pienso en hacerlo, pero solo les miro fijamente a los pechos mientras babeo un poquito; eso sí no digo nada por no incomodarlas (creo que todo esto ya lo había dicho antes en un post anterior).

Bueno, creo que hoy voy a hacer un auto escarnio de las mejores ocasiones que he perdido. Son esas mujeres que por un motivo u otro se me fueron y que ahora mismo recuerdo.

La guapa del colegio. Desde aquí, ya se deduce del contexto que yo era un cipotito sin experiencia, pero la verdad es que me gustaba hasta ese punto en que consideras que no sos digno ni de hablar con ella y ya te parece demasiado que te considere su broder y se ría de tus chistes. La verdad es que la vi tiempo después y me di cuenta de que era absolutamente humana (hasta donde pude ver) pero en aquel momento no me lo parecía. Lo curioso está en que justo antes de que la estrella de basket del colegio la descubriera y se la quedara para siempre, salía con lo más parecido a Golum que había en clase. Hasta que la dejó (¡él!). Que si yo hubiera sido un más poco más buitre y aprovechado vivo, aquél hubiera sido un momento maravilloso para presionar un poquito poner el hombro para que llorara en él, pero la verdad es que ni lo intenté. Una pena, era un encanto de mujer (tiempo después supe que medio colegio estaba enamorado en secreto de ella; y yo creyendo que era original). 

La guapa de la Universidad. Bueno, aquí voy a reconocer que no tenía ni la más mínima posibilidad. Es como si hubiera estudiado yo con María Sharapova o Mónica Bellucci (que seguramente son muy humanas y conocían gente antes de ser famosas). Esta no se ha hecho famosa, pero estaba a ese nivel. Lo que pasa es que era lo que los gringos llaman “chica de la puerta de al lado” es decir, totalmente normal e incluso simpática (si, lo siento, pero los hombres no estamos acostumbrados a que las chavalas guapas se comporten normalmente*). Por una de esas casualidades trabajaba en la oficina de un amigo mío a la que yo iba de vez en cuando y la primera vez que me dijo “huy, vos vas a clase conmigo, ¿no?” casi me da un infarto. En una peli hubiera sido la frase de entrada para una relación muy bonita, pero yo en ese instante solo fui capaz de saludarla cuando la veía y cruzar comentarios ocasionales con su vecina de escritorio. ¿Saben cuando creen que están en otro nivel? Ahora creo que es un poco, tonto rayando en lo absurdo, pero en aquel entonces aquello era como si hubiéramos sido de especies distintas…

La guapa del trabajo. Esto fue tiempo después en un trabajo de mierda que tuve hace tiempo. Un trabajo en el que había muchísima gente y la mayoría (aplastante) mujeres, así que por pura estadística tenía que haber alguna muy guapa. Había varias, la verdad, pero una en particular era un escándalo. También era simpática (yo es que soy bien raro, las mujeres malencaradas no me caen bien, de entrada) y un compañero mío de entonces y yo nos dedicábamos a bromear con ella, aunque la verdad es que de la manera más inocente (yo al menos; sospecho que él algo menos inocente). Aquí reconozco que hubiera estado feo intentar nada porque todo el mundo conocía a mi novia en la empresa y lo sabía todo el mundo. Si, trabajar allí era como trabajar en una pastelería y estar a dieta… (Bueno no, estoy exagerando; siempre he sido fiel como un perro, la verdad es que ni me lo planteaba; lo pienso ahora).

Una clienta guapa de “El Antro”. Este es un caso exclusivo. No se trataba de que fuera guapa, es que por algún motivo la encontraba irresistiblemente atractiva. En realidad no debería estar en esta lista, porque no lo lamento, y es que yo tengo una preocupante tendencia a que me atraigan las mujeres manifiestamente locas y sospecho que esta lo estaba. De hecho, estuvimos a una cerveza de que efectivamente pasara algo . Hubiera sido extraño, ella estaba a punto de casarse con un broder que había ido al colegio conmigo. Bueno, al final no pasó y seguro que fue mucho mejor para los dos. Pero a veces, todavía me acuerdo de ella… 

La amiga del colegio. Vuelvo atrás para retomar a una de la que ni entonces me di cuenta. Me llevó años descubrir de que me hubiera encantado salir con mi mejor amiga del colegio. Me di cuenta porque al final el tipo de mujeres que me atraían era muy afín con ella, sí no físicamente, sí en cuanto a personalidad. Todo lo que puedo decir es que fuimos buenos amigos y no sufrí nada por ello, incluso a pesar de que me contaba cada desilusión o cada conquista. Diez años después me hubiera enterado de que en realidad yo no la quería como amiga, pero en aquel momento ni cuenta me di (si alguien piensa que no tuvimos nada porque no estaba buena, tengo que decir que sí que lo estaba, lo que pasa es que yo la veía más como amiga y siempre he sabido respetar eso; en cualquier caso ella también me miraba como amigo, hubiera dado lo mismo, supongo).

Bueno pues, con esto ya sufi. Que ver el balance de mierda que llevo tampoco es alentador. En la próxima les hablo del superamigo de las mujeres… bueno, mejor no digo nada, que despues me hacen hablar de ello.

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12 pensamientos en “Mi otra lista (la de las ocasiones perdidas)

  1. “Usando traducion ESPAÑOLA”.. Vea chaval que tu no eres timido, pues serìas màs como que medio caracol contra babosa, lo digo esto por que tengo 7 razones para decirte que no sos timido sino màs bien como LENTO… conste mae que ya para lento demasiado 5 años y 8000 kilometros lo demuestran

  2. La pregunta que yo me hago es: ¿por qué ellas eran unas lentas también? si te veían cerquita, disponible a caer en sus redes. Yo soy de la opinión que si algo/alguien te gusta y se cumplen los requisitos mínimos (como que ella no tenga un marido karateka, o un marido punto) entonces deberías de lanzarte al ruedo.

    • Suena bastante lógico tu planteamiento, en teoría. Es que ya en la práctica es otra cosa, al menos para mi.Dejando eso a un lado, es cierto que mientras que los hombres somos muy acomodaticios, las mujeres no.

      A mi, es que me cuestan esas cosas. La gente/mujeres me da miedo, no terror como para no acercarmeles, pero miedo si.

  3. jajaja sabes me vino en la mente la Quxa….te olvidastes de ella..jajajjauahauhuhuhuauaua me rompo el culo de la risa….

  4. tienes razon en tener miedo! que peligrosas pueden resultar las mujeres a veces!!! a menos que te gusten los deportes extremos jejejeje

  5. Pingback: De como ellas me “tiraban el cuento” a mi « La alkantarilla

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