Black Swan

Thomas Leroy (Vincent Cassel) busca a la intérprete principal para su nueva versión de “El lago de los cisnes”. Podría ser Nina (Natalie Portman), pero le falta demostrar que es capaz de dar vida al “Cisne Negro”en la culminación de la obra. Es el quinto largometraje de Darren Aronofsky, un nuevo trabajo que me anticipaban como fascinante. Partes de su todo se me quedaron incrustadas de un modo fascinantemente inevitable.

El director nos “encaja” un cuento trágico acerca de la búsqueda obsesiva de la perfección en una ciudad descontextualizada, fotografiada a base de interiores opresivos ( por ejemplo…la eterna infancia que intenta alojar en su habitación la protagonista) Aronofsky sigue un impulso visual que alcanza alturas de maestría en sus juegos continuos de espejos y reflejos tortuosos que se van abriendo paso para devorar a la delicada y sofocada bailarina.

¿ Donde flaquea este rollo ? pues en el guion… ahogado en una desgana de efectismos que aniquilan lo que debía haber sido una obra maestra sin contemplaciones, para quedarse en una producción notable que, con todo y todo, ya querrían muchos en su CV.

Aun así, hay elementos que remarcar en esta cinta:

Dilemas: convertirse o aparentar ser otra. Nina en inicio decide por lo último. Ella ha hurgado entre las cosas de Beth, la bailarina que tanto admira, y toma unas cuantas de sus pertenencias; le está robando su identidad.

Obsesiones (ya lo dije más arriba): Tiene el papel, pero no tiene la perfección, por esto se encuentra ansiosa, está deseosa de querer experimentar el lado perfecto, que a su vez es el lado perverso, negativo, destructivo, es por esto mismo que ella se hace daño, se autodestruye, se rasca, se magulla, se desgarra la piel. Nina sufre el trauma de la “pulsión de muerte”, desea conseguir el goce a través del daño físico ya que se siente incapaz de poder gozar desde sus vivencias, desde su rutina, desde su sexo.

La mirada lésbica, más que un gusto sexual, está representado como una liberación total, una reacción rebelde, como gritando al cielo, luego de haber estado por años recluida a una rutina de abstinencia sexual, totalmente reprimida.

Espejos: Donde vaya Nina hay un espejo esperándola, mirándola, banalizándola (algo también muy citado por Hitchcock un empedernido de los personajes falsos, de doble cara.) la vanidad de la bailarina va en aumento (así como los tonos de Tchaikovsky) y su imagen se desdobla, su reflejo asume un comportamiento independiente, eso significa que la bailarina está a un paso de la perfección, solo necesita eliminar a su enemiga, aquella que le impide ser el Cisne negro, aquella que le impide actuar con desenfreno, con sensualidad, al ritmo de su sexo.

El cisne negro finaliza con el mejor baile, la mejor rigidez, la mejor elasticidad, el mayor desenfreno, la mayor rebeldía, ello conseguido a través del sacrificio, de la autodestrucción.

En resumen, buena peli donde se ve que el director no ha perdido su ruta temática. El personaje de Nina, así como otros personajes de Aronofsky, cambian y evolucionan a través de sus deseos y sueños en medio de una realidad distorsionada, confusa y surrealista.

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