Celda 211

Esta película no hay que ir a verla solo por que se diga que “es peli española”. Seguro hay cosas que la hacen poco creíble, pero el ritmo se mantiene todo el tiempo y entretiene desde que empieza hasta que termina.

¿ Qué de que va ? … Juan, funcionario del penitenciario, se presenta en su nuevo trabajo un día antes de su incorporación oficial. Allí, sufre un accidente minutos antes de que se desencadene un motín en el sector de  los presos más temidos y peligrosos. Sus compañeros no pueden más que velar por sus propias vidas y abandonan a su suerte el cuerpo desmayado de Juan en la celda 211. Al despertarse, Juan comprende la situación y se hace pasar por un preso más frente los amotinados.

Celda 211 demuestra una habilidad brutal adentrándose en el submundo carcelario construyendo personajes magnéticos, que en la realidad cinematográfica no son más que una galería de perdedores y tarados.

Por ahí van muchas escenas violentas muy bien rodadas y planificadas, una fotografía mas que realista, y diálogos necesariamente fuertes y desagradables en ocasiones.

Pero sobre todo, la cinta la sostiene Luis Tosar con su interpretación de Malamadre, líder de los presos que nunca traiciona a nadie, pero que no permite que nadie cuestione su autoridad. Y es que, Malamadre es horriblemente carismático, bestia hipnótica y fascinante en la que la brutalidad y un personalísimo código de valores se dan la mano.

Implicación emocional también hay… al menos para mi, por la compasión que despiertan algunos inocentes empujados o echados a perder en la cárcel por una deficiente labor político-social. En ese sentido, Juan y su “conversión” en delincuente es paradigma de cómo echar a perder una vida por negligencia de unos (que le dejan herido en la celda 211), por ineficacia de otros (que no aciertan a negociar primando la vida del inocente y jugando con ella por motivos partidistas) o por traición y engaño de algunos más.

Lo + : la actuación de Luis Tosar, que diluye los límites entre el antihéroe desesperado y el asesino instintivo, imprevisible, con un contagioso sentido del humor capaz de ganarse una empatía imposible del espectador.

Lo – : Fallos en el casting (hay que decirlo) a Alberto Annman el encargo le quedo grande, el personaje de Juan exigía una mayor intensidad y recursos interpretativos. También  la de Manuel Moron como negociador, un personaje poco creíble por una interpretación monótona.

Puntos suspensivos…  sin los etarras el argumento de la película no sería posible ¿ Puede ser ?

(Con todo y la seriedad que merece el tema, lo de los etarras hablando en esukera me mato de la risa ” Aquí se habla en cristiano, que no queremos secretillos” … y luego el Malamadre que les dice “Comparados con ustedes nosotros solo somos aprendices” )

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